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CATEDRAL

Aunque la sede se reconstituyó en Albarracín, el año 1173, y los prelados llevan el título de Segobricensis desde 1176, la primera donación de iglesia en tierras castellonenses a tales obispos es la de Bejís en 1232. Desde esta fecha parece avanzar la idea de fijar en Segorbe la sede episcopal, lo cual se favorece con la donación de iglesias que realizara Zeit Abuzeyt en 1236, aunque la posterior conquista de Valencia en 1238 trunca la idea al tomar el obispo de Valencia por la fuerza el territorio y dar la ciudad como prebenda al deán de su catedral, iniciándose un largo pleito que tardaría un siglo en resolverse.

En estos años se sucedieron momentos y actitudes contradictorias en una pugna de poder que enfrentaba al papado con la monarquía. Mientras en 1247 el papa Inocencio IV encomendaba la Iglesia de Segorbe al prelado de Albarracín, al año siguiente Jaime I permitía la ocupación valenciana, y aunque en 1259 el papa Alejandro IV disponía por bula la unión permanente de las Iglesias de Segorbe y Albarracín, ello no favoreció el que se construyese en la ciudad un templo con pretensiones de ser la catedral.

A principios del siglo XIV, la posición de la autoridad pontificia se decantaba claramente a favor del obispo Segobricensis, y en 1329 Juan XXII publicaba la bula de concesión de indulgencias a quienes contribuyesen con sus limosnas en la construcción de la catedral en Segorbe como un templo digno para sede de obispo:

“ipse cathedralem ecclesiam segobricensis, in honorem Beate Marie Virginis fundatam, construi faciat opere sumptuose”

La realización de la obra debió ser larga, como todas las de la época, pero la fábrica del espacio de culto estaría concluido antes de finalizar el siglo, pues las noticias documentales nos indican que en los primeros años del XV se realizaban trabajos en el claustro con espacios de nuevas capillas –la del Salvador y la de los clérigos o de San Jerónimo- y la torre del Aula Capitular. A mediados de dicha centuria, la construcción en el interior del templo de la capilla de San Miguel obliga a modificar la puerta de salida al claustro, que se sitúa junto al coro como actualmente la encontramos, siendo a finales del siglo XV y principios del XVI cuando se produce la actuación sobre el presbiterio que es renovado y dotado del gran retablo mayor, al igual que en este tiempo debieron realizarse las puertas renacentistas como la de Santa María hoy visible en el interior del claustro. A mediados de siglo se reformaba el espacio superior del claustro dando origen al claustro alto con ventanales de tradición aragonesa y estilo renacentista de fabricación en yeso, obra quizá de artesanos moriscos.

Paralelamente al templo y claustro se iniciaba el alzado de la torre campanario, de forma trapezoidal, levantándose la misma en su cuerpo de campanas hasta lo que hoy es la cámara del reloj. Posteriormente, y como consecuencia del fracaso en instalar el reloj sobre el cuerpo de campanas, se invirtieron los espacios, elevándose un nuevo cuerpo de campanas –el actual- y sobre este una terraza, no llevándose a término la exigencia del obispo Muñatones de construirse el chapitel que rematase la torre.

A finales del siglo XVII se hicieron por el maestro Mateo Bernia el pórtico mayor y la capilla del Carmen, junto a la del Sagrario realizada a principios de la centuria, ambas en estilo barroco, como también la nueva reforma del presbiterio bajo la influencia del maestro Pérez Castiel, así como el panteón de obispos frente al altar mayor. Ya en los inicios del siglo XVIII se sustituyó el antiguo coro gótico por la nueva sillería barroca obra del escultor Nicolás Camarón, y se llevaron a término reformas en la torre que pasó a denominarse del archivo con la cúpula que actualmente la remata cubriendo el espacio destinado a los documentos, o la creación de la sala de la librería nueva para albergar la biblioteca, que comportó la destrucción de la arquería gótica de las capillas claustrales sobre las que se generó el espacio.

La última década de la centuria dieciochesca supuso la gran reforma arquitectónica que configuró el espacio catedralicio tal y como hoy lo vemos. Aunque atribuida esta a la iniciativa del obispo Alonso Cano, lo cierto es que este sólo intervino en la reforma y ampliación del espacio del coro y la construcción de un pequeño chapitel de seis columnas de piedra rematado en cúpula para albergar las campanas del reloj en la terraza de la torre campanario. Será el obispo Gómez de Ahedo quién, entre 1791 y 1795, desarrolló todo un proyecto renovador que supuso la desaparición en el interior del templo de la antigua fábrica gótica y barroca sustituida por un amplio espacio neoclásico siguiendo las trazas del arquitecto Vicente Gascó, ejecutando las obras los maestros Francisco Marzo y Mariano Llisterri. El conjunto, que se vio agrandado en su espacio en la parte del presbiterio, se completó en lo arquitectónico con elementos ornamentales realizados por Vicente Esteve, la construcción de los retablos en mármol y estuco de las capillas laterales según las trazas de Vicente Gascó, y la decoración pictórica en la que destaca el cascarón obra de Luis Planes y Manuel Camarón concluido en 1806.

Paralelamente se hicieron otras obras de nuevas dependencias para las sacristías o el camarín, y en 1800 Mariano Llisterri se encargaba de la ampliación de la escalera que desciende hacia la puerta de la calle del Seminario, reformaba la puerta de acceso al claustro desde el templo al tiempo que se realizaba la nueva y actual puerta de Santa María, cuyos portones de madera aparecen chapados en metal con un elegante dibujo fechado en 1801, al igual que los portones de la Puerta Mayor, donde realizó una intervención que sustituye el antiguo pórtico por un parteluz que divide el arco barroco acogiendo la puerta de entrada y su paralela falsa pues se sitúa delante del contrafuerte del muro.

Esta gran reforma le da la singularidad a la catedral de Segorbe de ser el primer templo catedralicio construido según las normas académicas, y le supuso la conjunción de un espacio de culto neoclásico junto a un claustro gótico, un contraste de gran belleza y que tiene un cierto paralelismo en el momento de su realización y resultado con la catedral de Vic. Desde este momento las intervenciones realizadas en la catedral han sido de índole decorativo, como la colocación de vidrieras especialmente en el testero del coro o el estucado del interior de la nave, los necesarios trabajos de restauración tras la guerra civil concluidos en 1949 y las reformas del claustro alto motivadas por su función de alojamiento de los espacios del museo catedralicio.